(04.07.2006)
Dice Ray Loriga en uno de sus libros algo así como: "Si tienes ojos en la cara, no te quedan más cojones que mirarla".
Y eso mismo pasa con ella. Más que ojos yo diría corazón. Si tienes corazón, no te quedan más narices que regalárselo porque, sabrás que ella siempre lo cuidará, lo mimará y le sacará el mejor partido. Aunque parezca que está ausente, ella siempre habla en silencio. Aunque nunca coja el teléfono, siempre está al otro lado, esperándote. Y aunque diga que "siempre está bien" puede que, en ocasiones, no esté tan bien como parece. Pero nunca una palabra de su boca subirá el tono a otra anterior. Siempre le delatarán sus sinceros ojos y sus manos pequeñas.
Pocas veces en mi vida he conocido tanta bondad.
Sin embargo, vuelven a ganar los malos. Vuelven a sembrar trocitos de rabia en su mudo corazón. Vuelven a pisar cabezas y a llover donde ya estaba mojado. Vuelven a dejar la huella que con tanto esmero se ha dedicado a borrar durante todo este tiempo (y durante mucho tiempo atrás). Vuelven para recordarle (y para recordarnos a todos) que la gente mala sale a la superficie para respirar.
Y yo quiero decirles algo. Quiero advertirles que ya no duele. Que a base de pensar, de subir, de no mirar hacia atrás, de curar heridas, de seguir subiendo, de cien millones de palabras invertidas en mirar hacia delante, de sacar valor y fuerza de debajo de las piedras, de sonreír (eso sí, nunca ha dejado de sonreír) y de saber darle valor a las cosas, ella ya ha conseguido estar en este otro lado.
Ahora ya no podéis dejar huella, ni sembrar trocitos de rabia, ni pisar cabezas, ni llover sobre mojado. Ahora su corazón, como siempre, puede con eso y con todo lo demás que os propongáis.
Pero eso sí, no os olvidéis, de vez en cuando, de meteros la lengua en el culo.
(Por tí y para tí Elena. Porque nosotras estamos de acuerdo en que un día un ángel se cruzó en nuestras vidas. Y no queremos que te marches nunca).
